Descripción
El ser es una instancia dinámica y positiva en lo más profundo de la persona que constituye el núcleo de su personalidad. En el sistema explicativo PRH, está considerado como la
instancia principal de la persona vista desde el ángulo de su crecimiento, y esto por cuatro razones principales :
« es la base de toda la personalidad » 12 , son sus « fundamentos »,
« está habitado por un dinamismo de vida » 13 , por una aspiración fundamental a existir. Ahí se encuentra el resorte profundo de todo el crecimiento,
– las otras instancias de la persona están subordinadas al ser y al servicio de su realización; efectivamente, los actos realizados a partir de las necesidades de esas instancias necesitan una armonía con el ser para que contribuyan al crecimiento de la persona en su globalidad,
– a este nivel se pueden experimentar las alegrías más fundamentales de la existencia, mientras que las satisfacciones y los placeres ligados al funcionamiento de las otras instancias no colman de modo tan intenso, durable, pleno y estimulante.
Dicho de otro modo « es el lugar más importante » 14 desde el punto de vista de la personalización, del crecimiento y, por consiguiente, de la felicidad de los seres humanos.
En muchas antropologías, encontramos esta noción de ser como realidad central y fundamentalmente positiva de la persona. El alma entre los Cristianos, el hara entre los Orientales, el yo profundo en Carl Rogers, el ser en Abraham Maslow, Graf
Durckeim, Erich Fromm, etc. son otros tantos accesos que presentan analogías con esta realidad observada en PRH.

Los componentes del ser
En este nivel de los fundamentos de la personalidad, residen la identidad de la persona, su « actuar esencial », sus lazos esenciales. Asimismo, este nivel es un lugar de apertura a una Transcendencia. Retomemos estos cuatro conceptos :

El ser es el lugar de identidad de la persona
Esta identidad está constituída por las potencialidades propias al individuo, es decir, capacidades, cualidades, dones de cada uno. « Encontramos ahí la raíz de todo lo que es positivo en nosotros : nuestras cualidades de corazón, de acción, de inteligencia, etc. » 15 . Este conjunto de cualidades forman las riquezas de ser de la persona.

Ejemplos de capacidades específicas de la identidad de una persona :
– capacidades manuales (destreza, dones para las manualidades,…),
– capacidades intelectuales (capacidad de abstracción, análisis, síntesis, concentración, imaginación, comprensión, discernimiento, memoria, observación…),
– capacidades relacionales y afectivas (capacidad de apertura, altruismo, amor gratuito, amabilidad, facilidad de contacto, ternura, generosidad, perdón, tolerancia, dar confianza…),
– capacidades de acción (capacidad de emprender, organizar, capacidad de gestión, de llevar a término una tarea, de dinamismo, de voluntad, de perseverancia,…),
– capacidades artísticas…
– capacidades físicas (destreza, resistencia, fuerza,…),
– aptitud para la felicidad, la capacidad de admiración, la alegría, la confianza en la vida, la sensibilidad hacia lo bello…
– la capacidad de verdad, aceptación de la realidad…
– capacidades de sensibilidad, de intuición,
– etc.

La identidad de una persona está igualmente constituída por contornos, es decir límites propios de cada aspecto positivo (que no hay que confundir con inhibiciones, bloqueos o
simplemente la inmadurez que frenan o incluso anulan la actualización de lo positivo). La toma de consciencia de estos límites supone ejercer sus dones en la medida de lo posible.
Ciertos signos anuncian entonces el umbral de los límites del ser : una tensión exagerada para actuar, una desproporción entre los esfuerzos desplegados y los resultados obtenidos, una sensación de no poder ser o hacer más…

Ejemplos de límites constitutivos :
– límites intelectuales, límites en la comprensión de ciertos fenómenos, límites en la capacidad de memorizar, de concentrarse, límites en la percepción de los detalles…
– límites artísticos…
– límites en la capacidad de obrar, límites de rapidez de ejecución, dinamismo, paciencia, perseverancia, audacia…
– límites relacionales, límite de aceptación de la presencia del otro, límite de la capacidad de convivir…
– etc.
Lo que diferencia a los humanos entre sí y especifica la identidad de cada uno, es la jerarquía, el orden interno y el relieve de estas riquezas de ser, así como el umbral de los
límites constitutivos. Cada uno posee aspectos positivos cuyo potencial, intensidad, límites y formas de expresión lo caracterizan. En cambio, se puede decir que en toda persona
se encuentran todas las potencialidades esenciales de la especie humana (por ejemplo, libertad, amor, verdad…).

Nota : ¿Cómo legitimar que los aspectos negativos no figuren en la identidad de la persona cuando la mayor parte de la gente los imputan a su naturaleza profunda ? Ciertamente hay varias explicaciones para ello. Señalemos que los reflejos negativos y las expectativas exageradas que emanan del entorno, añadidas al carácter a menudo repetitivo y habitual de ciertos defectos o disfuncionamientos, probablemente han inducido a esta identificación de muchas personas con sus aspectos negativos. « Yo soy perezoso, soy torpe… » dicen, persuadidos de que no pueden ser de otro modo. También está la influencia de concepciones negativas del ser humano que impregnan ciertas culturas (el Jansenismo en Occidente, por ejemplo…). En realidad, un análisis de esas desarmonías de
comportamiento revela que no provienen de lo que está en lo más profundo del ser humano, que se caracteriza por la aspiración fundamental a ser más y la sensación de ser uno mismo. Ahora bien, ninguna persona sensata experimenta la aspiración de llegar a ser cada vez más torpe o perezoso, ni la sensación de llegar a ser cada vez más él mismo viviendo lo que él llama su torpeza o su pereza.

El ser es el lugar del « actuar esencial » de la persona
De modo innato, cada individuo, tiene inscrito en su ser una identidad y un « actuar esencial » que trata instintivamente de actualizar. La expresión « actuar esencial » designa aquello para lo cual una persona se siente hecha, su camino, su vocación, la almena de acción que corresponde a lo que ella es en profundidad. Efectivamente, aunque la persona tenga aptitudes variadas, todas las actividades no ejercen sobre ella la misma atracción ni la movilizan del mismo modo, aspira a un actuar específico donde pueda ejercitar lo esencial de ella misma.

Ejemplos de ”actuar esencial” : educar a unos hijos, crear (creación artística, artesanal,…), investigación (la investigación científica…), enseñar, administrar, cultivar, favorecer los intercambios (comerciales, intelectuales…), fabricar, ayudar, cuidar, dirigir, servir a la ciudad (defenderla, organizarla, gestionarla…), etc.

La consciencia de este camino se hace progresivamente. Pasada una fase en la que actualiza sus potencialidades en diversas direcciones, poco a poco aparece un eje que invita a la persona a encarnar lo mejor de ella en unas actividades que convergen con este eje. La emergencia del ser del sujeto y la adquisición de experiencias permiten una definición cada vez más precisa de este « actuar esencial ». Entonces, las potencialidades
del ser se ordenan poco a poco para la actualización de esta vocación.
Cuatro criterios permiten identificar el eje del « actuar esencial » :
– una sensación de existir, de ser uno mismo, de tomar más consciencia de su identidad, una sensación de unidad entre el hacer y el ser,
– una sensación de dar su plena medida, de vivir plenamente sin ahogar nada, de aportar su contribución a la sociedad,
– una sensación de ser feliz en profundidad, sin la presencia de ningún resto de insatisfacción,
– una sensación de que su vida encuentra su sentido.

A medida que la persona descubre aquello para lo que se siente hecha, se compromete con radicalidad hasta el punto de reorganizar su vida y sus compromisos en función de esta
vocación. Se trata de una nueva etapa de su proceso, que se puede distinguir por la presencia de una fuerza interior poderosa, por una creatividad abundante, por una eficacia máxima, y por estar centrado en lo esencial que porta para la sociedad.

Nota : se puede uno interrogar respecto a esta nueva etapa que PRH califica de « misión de ser » para saber si está inscrita en el potencial genético de todo individuo :
« Constatamos que actualmente, muy pocas personas desembocan en lo que hemos llamado una misión de ser. ¿Por qué ?
¿Es porque no han ido bastante lejos en su camino de crecimiento ?
¿O es por el hecho de que el actuar esencial inscrito en su elemento genético no lleva consigo ese « cohete interior » que les propulsaría hacia adelante cuando llegase el momento del « encendido » ?
No tenemos respuesta a esa pregunta. Ciertamente, podemos creer que en todo ser humano el actuar esencial está destinado a desplegarse en « misión de ser ». La hipótesis es seductora. Nos permitiría decir que todo ser humano tiene una misión de ser. Pero, el estado actual de nuestras observaciones no nos permite creerlo con certeza ».

El ser es el lugar de los lazos esenciales de la persona
En la estructura interna del ser se pueden distinguir dos dimensiones :
– una dimensión estrictamente personal, constituída por la identidad de la persona y de su « actuar esencial ». Es el núcleo de la personalidad. Ahí, cada uno se siente solo.
– Una dimensión comunitaria, como un « espacio habitado » 17 donde la persona se siente profundamente ligada a otras para realizar su « actuar esencial ». Es el lugar de sus lazos esenciales o lazos de ser o lazos de misión. Ahí, experimenta que está ligada, como por constitución, a un conjunto social más o menos vasto, que va de la pareja, de la familia a unas fundaciones, que tienen los mismos valores esenciales y que tienen como objetivo un progreso para la sociedad.
« Los lazos de ser se enraizan en una semejanza y una complementariedad a nivel del actuar esencial » 18 . Así se distinguen de los otros tipos de lazos que proceden de afinidades sensibles, intelectuales, afectivas o incluso de afinidades de ser, del hecho
de puntos comunes en el ámbito del ser, sin que haya por eso compromiso en un actuar esencial común. Los lazos esenciales tienen como características que son profundos, durables, variables en intensidad según las personas, fuente de energía y de eficacia en la realización del « actuar esencial ». Pueden existir independientemente de afinidades sensibles. Procuran una sensación de ampliación interior y de unidad en profundidad.
De un modo más general, esta « dimensión comunitaria del ser » descentra a la persona de sí misma y le abre a los otros y a la sociedad. La percepción de la dimensión colectiva se
despierta y se despliega. La parte de responsabilidad del individuo para el bien común se encarna entonces por compromisos concretos, a menudo a través del « actuar esencial ». Así se puede afirmar que el ser no es egocéntrico, sino que, por el contrario, contiene un poderoso potencial de altruismo.


El ser es el lugar de apertu ra a una Transcendencia
Además de las dos dimensiones personal y comunitaria citadas antes, el ser lleva consigo una capacidad de apertura a una « Transcendencia ». Toda persona puede hacer la experiencia en lo íntimo de sí misma de la presencia de realidades a la vez de la misma naturaleza que su ser y, al mismo tiempo, experimentadas como distintas, infinitas, absolutas, permanentes, no reducibles a lo que la persona es, a lo que vive en ella, ni a la
consciencia que tiene de ellas. Así sucede con la Verdad, el Amor, la Vida, la Libertad, la Justicia, la Dignidad de la persona, la Sabiduría, la Belleza, etc. Lo cual supone que estas
realidades sean percibidas en lo más profundo de sí en forma de sensaciones y no como ideas abstractas o ideales. Por ejemplo, quienes se dedican a una causa de justicia o quienes viven una relación interior con quien ellos llaman Dios, experimentan ese contacto con una realidad que les sobrepasa, aunque sigue estando viva y actuante en ellos.

La relación consciente de la persona con esas realidades que la transcienden, la transforma, algo así como si fuera imantada, aspirada, ensanchada, arrastrada a la cima de su humanización por el Absoluto o la Perfección de esas realidades. La relación con una Transcendencia contiene un potencial asombroso si pensamos en todas esas personas que
dedican su vida a esa Transcendencia que las atrae y las llama (caso de los monjes o de ciertas personas comprometidas en actividades humanitarias, por ejemplo) o también en quienes prefieren dar libremente su vida antes de renegar de lo que constituye ese Esencial de su existencia (caso de los que mueren para que sea respetada la Libertad, la Justicia, su fe en Dios, o la dignidad de los seres humanos…).
En contacto con esta Transcendencia reconocida y nombrada, es como los seres humanos descubren el sentido profundo de su existencia y la fuerza para caminar hacia su realización. El desarrollo de la personalidad de un individuo, en la plenitud que le
es accesible, no se realiza sólo gracias a la armonización de sus funcionamientos, ni gracias sólo a los esfuerzos de su voluntad, sino también gracias a una apertura a lo que la transciende (lo que está al alcance de todo hombre), después progresivamente en una relación con esa Transcendencia (lo que supone que se la experimente, que se la reconozca y se la viva como la Fuente de la vida y de la evolución). Esta relación mantiene a la persona en un constante movimiento hacia el más-ser.
Esto expresa por qué, en la psicopedagogía PRH, esta dimensión de apertura y de relación con una Transcendencia a nivel del ser es reconocida como muy importante para el crecimiento de la persona. El acceso PRH a la realidad humana se separa en esto de otras antropologías en las que la noción de Transcendencia es considerada de diferente modo. Algunos la conciben como una abstracción metafísica, otros como una proyección inconsciente de ideales, o una forma de sublimación, o también como una respuesta que se da el ser humano para escapar de su angustia existencial, etc. Incluso aunque algunas personas viven concepciones diferentes, un análisis riguroso de la vivencia humana permite
afirmar este rol capital de la apertura a una Transcendencia en el proceso de crecimiento de la persona.
(La persona y su crecimiento pág. 57-64)

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